domingo, 29 de agosto de 2010

Al día siguiente, estaba él en el altar, cometiendo el peor error de su vida. Se casaba sabiendo que no la amaba. Yo, situada en el último banco, esperando que no me viera. Mientras iba avanzando la ceremonia, más quería gritar para que no se casara. Dio el sí que todos esperaban. Él mismo se había dado cuenta que no era lo que quería.
El silencio duro unos 5 segundos antes de que me retirara corriendo por el pasillo, me vio. Corría y lloraba, no podía respirar de tan mal que me sentía. No entendía por que no había parado esa ceremonia, y menos entendía que hacia presenciándola. Corrí, hasta que me caí cerca de un árbol. Quise pararme pero las piernas no me respondía. Él corría detrás mio. Me alcanzó, y me preguntó que, qué hacía ahí. Trataba de aclararme la garganta y no lograba hablar. Como pude le contesté que estaba ahí para ver al amor de mi vida como se casaba y que me imaginaba como si fuera yo con quien se casaba. Me dijo que a él se le cruzaron un par de recuerdos de cuando soñabamos con casarnos. Eso me hizo llorar el doble.
Se acercó tanto tenía su cara a unos 5 sentimetros de la mia. Con su mano derecha, secó mis lágrimas, y luego me abrazó. En el oido le pregunte que por qué me hacia esto, que cómo podía ser que se estuviera casando con ella. Entonces fue ahí cuando el se dió cuenta de la locura que había cometido, y también se dio cuenta que yo lo seguía amando igual, o más de cuando lo nuestro había terminado. Y totalmente confindido me dijo al oído: TE AMO. Le dije que yo también. Cuando nos soltamos, alzamos la vista y allí estaba ella, parada, mirándonos. Rapidamente se puso de pie y la agarró de la mano- se me cayó el mundo al ver eso.- y le dijo: te presento a mi amiga. Ella me saludó y le dije lo afortunada que era de tenerlo con ella. Se fue y cuando me saludo le dije inconsientemente SIEMPRE TE AMARÉ.

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